
34 segundos es la marca de tiempo justa para observar alguna escena urbana de propiedad ajena sin quedar por entrometida. Agregarle unos segundos más ya sería voyeurismo y aunque eso no revierte mayores connotaciones para el espectador casual, que sabe permitirse un pequeño desliz cada tanto, puede ser bastante complicado cuando lo transgrede alguno de los nefastos de siempre.
Claro está, precisamente, para resguardar la privacidad de nuestro objeto de observación, y hacerle la vida más complicada a los mirones malintencionados, la gracia está en llevarse lo justo y necesario: una cara, una expresión y nada más que eso.
Tan solo una postal puede encender la imaginación con la chispa suficiente para hacer melodías con palabras.
Es sólo cuestión de abrir los ojos y dejar que el mundo nos inspire. Créame, motivos andan sobrando y el mundo no se está quedando para nada quieto.

Escribís cosas interesantes. Es la primera vez que paso por aquí, pero me ha resultado interesante.
ResponderEliminarMis saludos desde Ángel Poético.